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IA responsable··6 min de lectura

Uso responsable de la IA en la comunicación del patrimonio cultural

La IA ya se usa para contar el patrimonio, y va a usarse más. La pregunta no es si conviene frenarla, sino cómo usarla con criterio: fuentes verificables, una segunda lectura independiente, la validación de la institución y nada inventado.

La creación de Adán: Dios, rodeado de figuras, extiende el brazo hacia Adán, recostado, hasta casi tocarle el dedo
Miguel Ángel, La creación de Adán, c. 1511 · Wikimedia Commons (dominio público)

La inteligencia artificial ya se está usando para contar el patrimonio. Genera textos de sala, escribe guiones de audioguía, traduce contenidos, produce voces. Y se va a usar cada vez más, porque abarata y acelera un trabajo que muchas instituciones no pueden asumir de otra forma. Negar esa realidad no protege el patrimonio; ignorarla, tampoco. La pregunta útil no es si conviene frenar la IA, sino cómo usarla con criterio.

Este artículo intenta responder a esa pregunta sin caer en los dos extremos habituales: ni el entusiasmo que promete que la IA lo resuelve todo, ni el rechazo que la trata como una amenaza para la cultura. Entre esos dos discursos hay un espacio sensato, y es donde debería situarse cualquier institución responsable.

El riesgo real: la IA inventa

El problema más serio de usar IA para contar el patrimonio no es filosófico, es concreto: los modelos de lenguaje inventan. Cuando no tienen información suficiente sobre un lugar poco documentado —una ermita rural, un yacimiento pequeño, una pieza secundaria— la IA no dice "no lo sé". Rellena el hueco con algo que suena verosímil pero que puede ser falso. Se le llama alucinación, y en patrimonio es especialmente grave, porque el error no lo detecta el visitante: se lo cree.

Una audioguía que atribuye una fecha equivocada a una iglesia, que inventa una leyenda que nunca existió o que confunde a dos personajes históricos no es un fallo menor. Es una institución dando por buena, con su voz oficial, una información falsa. Y una vez publicada, esa versión se propaga: la copian blogs, la repiten otros visitantes, acaba siendo "lo que se dice" de ese lugar. El patrimonio se cuenta mal, y con el sello de quien debía contarlo bien.

Este es el punto donde la crítica al uso indiscriminado de la IA es del todo legítima. Dejar que un modelo genere contenido patrimonial sin control es irresponsable. No porque la herramienta sea mala, sino porque usarla sin criterio produce exactamente el daño que la institución tenía la misión de evitar.

Lo que dicen los organismos de referencia

No es una preocupación aislada. Los principales organismos culturales llevan años señalando la necesidad de un marco ético para la IA en el patrimonio.

La UNESCO adoptó en 2021 su Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial, el primer instrumento normativo global en la materia, orientado a los derechos humanos y la dignidad humana, y en 2025 publicó, de cara a la conferencia MONDIACULT, el informe de su grupo independiente de expertos sobre IA y cultura. El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo ha analizado los desafíos de la IA en el patrimonio y los museos, y recoge la petición del propio sector de directrices y metodologías que tengan en cuenta la propiedad intelectual y las cuestiones éticas. Y en España, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y la Asociación de Museología y Museografía de Andalucía organizaron en 2025 una jornada técnica sobre el uso ético de la IA en el ámbito patrimonial, con el objetivo de redactar un documento de recomendaciones y buenas prácticas.

El mensaje común de todos ellos es coherente: la IA puede ser una aliada poderosa para la difusión y la accesibilidad del patrimonio, pero solo si se aplica de forma responsable, con supervisión humana y sin sustituir el criterio experto.

Estanterías curvas de una biblioteca llenas de libros
La IA debería trabajar sobre fuentes verificables, no sobre su memoria · Foto: Unsplash (licencia Unsplash)

Qué significa usar la IA con criterio

Un uso responsable de la IA en la comunicación del patrimonio no consiste en prohibirla ni en confiar ciegamente en ella. Consiste en ponerle límites claros. En la práctica, hay tres que marcan la diferencia.

Partir solo de fuentes verificables. La IA no debería inventar el contenido, sino organizar y redactar a partir de información real: las fuentes oficiales de la institución, sus catálogos, sus publicaciones. Su papel es el de un redactor que trabaja con documentación fiable, no el de un narrador que improvisa. Si la fuente no existe, el contenido no se escribe: se busca la fuente o se deja fuera.

Mantener la revisión humana. Ninguna descripción, ningún guion, ninguna audiodescripción debería publicarse sin que una persona con criterio la revise. La IA propone; el humano valida. Esa revisión no es un trámite: es lo que separa un contenido riguroso de uno plausible pero incierto.

Ser honesto sobre lo que la IA hace y lo que no. La IA es buena redactando, traduciendo y produciendo voz. No es buena decidiendo qué es verdad. Reconocer esa frontera —y diseñar el proceso para que la máquina no la cruce— es la esencia del uso responsable.

La postura de Tekeum

Tekeum usa IA, y lo dice sin rodeos. La usa para redactar guiones, traducir y producir voces de calidad. Pero el contenido nunca se inventa: se escribe exclusivamente a partir de las fuentes oficiales de cada institución. La regla es simple y no tiene excepciones: si la ficha no lo dice, la audioguía no lo dice.

Esa regla se sostiene con tres compromisos:

  • Una fuente. Todo lo que el guion afirma sale de la información que aporta o valida la institución; no de la memoria de la IA ni de internet. Si falta información, no se rellena: se pide.
  • Revisión antes de publicar. Cada guion se revisa y la institución lo lee, comenta y aprueba desde un enlace, sin crear cuenta. Nada sale sin su visto bueno.
  • Matices y prudencia. Lo que la fuente presenta como atribuido o dudoso se cuenta así, y los temas delicados se tratan sin juicios.

No es una limitación técnica, es una decisión de diseño. Tekeum prefiere una audioguía más corta y verificada que una más larga y dudosa: una ficha corta da un guion más corto, no uno relleno. Porque el valor de contar el patrimonio no está en la cantidad de palabras, sino en que cada una de ellas sea cierta.

La IA va a narrar el patrimonio, de una forma u otra. La cuestión es si lo hará con las fuentes oficiales de la institución y con control, o sin ellos. Ahí es donde una institución decide si mantiene el control de su propio relato. Para el caso concreto de un museo, la página de audioguías para museos explica cómo se aplica.

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La demo es contenido de prueba, sin curar, y puede contener imprecisiones. Con la información oficial de la institución, el rigor se garantiza al 100 %.

Fuentes

  1. UNESCO. Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial (2021).
  2. UNESCO. Artificial intelligence and culture (informe del grupo independiente de expertos, MONDIACULT) (2025).
  3. Servicio de Estudios del Parlamento Europeo (EPRS). Artificial intelligence in the context of cultural heritage and museums: Complex challenges and new opportunities (2023).
  4. Instituto Autor. UE: El Parlamento Europeo establece los desafíos de la inteligencia artificial en el contexto del patrimonio cultural y los museos (2023).
  5. Asociación de Museología y Museografía de Andalucía (AMMA) e IAPH. Jornada técnica sobre el uso ético de la inteligencia artificial en el ámbito patrimonial (2025).
  6. ACM Computing Surveys, vol. 55, n.º 12. Survey of Hallucination in Natural Language Generation (Ji, Z. et al.) (2023).

Preguntas frecuentes

¿La IA puede inventarse datos en una audioguía?+

Un modelo de lenguaje sin control puede hacerlo. En Tekeum, la ficha de la institución es la única fuente de hechos: si la ficha no lo dice, el guion no lo dice. Un segundo revisor contrasta cada guion con la ficha y nada se publica sin la aprobación de la institución.

¿Qué pasa si la ficha de una pieza es muy corta?+

El guion sale más corto, no más relleno. Si la ficha casi no tiene información, no se escribe guion y se pide más información a la institución.

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