
Es la pregunta que todo responsable de patrimonio se hace antes de pedir presupuesto, y la que casi nadie responde con cifras concretas. La respuesta honesta es que depende, pero el rango es enorme: hay contratos públicos de audioguías de menos de 5.000 euros y otros que superan el millón. Entender por qué existe esa diferencia es la mejor forma de no pagar de más.
Lo que revelan los contratos públicos
Los presupuestos de las instituciones son públicos, y dan una idea clara de lo que se paga hoy en España.
En el extremo alto están los grandes museos con dispositivos físicos. El Museo Nacional del Prado sacó a licitación su servicio de audioguías con un presupuesto de partida de 641.443 euros y un valor estimado de contrato de 2,8 millones de euros. El Real Alcázar de Sevilla licitó su aplicación de contenidos para audioguías y radioguías con un valor estimado de 2,26 millones de euros, y el pliego pedía el suministro de 35 audioguías. Son cifras que corresponden a instituciones con millones de visitantes y a un modelo basado en flotas de aparatos que hay que comprar, mantener, limpiar y reponer.
Pero el dato más revelador está en el tamaño medio. El Ayuntamiento de Gijón sacó a concurso las producciones audiovisuales e interactivas del Museo de las Termas Romanas de Campo Valdés —con el equipamiento técnico incluido— por 101.145 euros, dentro de un Plan de Sostenibilidad Turística. Es un museo arqueológico local, no un gran museo nacional, y aun así la cifra es de seis dígitos. Muchos de estos proyectos, además, se financian con fondos europeos, lo que a veces desdibuja lo que realmente cuesta la parte de contenido frente al equipamiento y la obra.
En el extremo pequeño, el de los municipios, los importes bajan mucho. Los datos públicos de contratación muestran, por ejemplo, que una empresa especializada en audioguías municipales acumula siete adjudicaciones públicas por un total en torno a 35.500 euros, lo que da una media aproximada de 5.000 euros por contrato. Es el orden de magnitud habitual para un pueblo que quiere poner en marcha una ruta con audioguía por QR. La horquilla, por tanto, es enorme: de unos pocos miles de euros a varios millones, para un servicio que en esencia hace lo mismo, contar el patrimonio al visitante.
La conclusión es que el precio de una audioguía no lo determina el contenido. Lo determina el modelo de entrega.
Qué es el modelo tradicional y por qué encarece tanto
Cuando hablamos de "audioguía tradicional" nos referimos al modelo basado en dispositivos físicos: la institución contrata una empresa que le suministra una flota de aparatos —esos reproductores con auriculares que se recogen en un mostrador— cargados con el contenido de la visita. El visitante deja un documento en depósito, recoge el aparato, hace el recorrido y lo devuelve al salir. Es el modelo que ha dominado los museos durante décadas y el que explica la mayoría de las cifras altas que hemos visto.
Ese modelo encarece por razones que tienen poco que ver con la calidad de la visita:
Hay un coste de hardware. Comprar cientos o miles de dispositivos, y renovarlos cuando envejecen o se quedan obsoletos, es una inversión que se repite cada pocos años.
Hay un coste de personal. Los aparatos no se entregan solos: hacen falta empleados en un mostrador que los den, los recojan, cobren y resuelvan incidencias. En algunos contratos grandes, ese personal es una de las partidas más pesadas.
Hay un coste de logística. Los dispositivos hay que cargarlos cada noche, limpiarlos, guardarlos, inventariarlos y reponer los que se pierden o se rompen.
Y hay un coste de rigidez. Cambiar un contenido implica reprogramar los aparatos uno a uno. Añadir un idioma o corregir un error no es inmediato.
Todo eso se paga cada año, esté o no esté relacionado con lo que el visitante realmente escucha. Buena parte del presupuesto de un contrato tradicional no financia el guion ni la voz: financia la infraestructura de tener aparatos.
Por qué en 2026 ese modelo tiene cada vez menos sentido
En 2026, el modelo de dispositivos tiene cada vez menos sentido para la mayoría de espacios. El visitante ya lleva en el bolsillo un dispositivo mejor que cualquier aparato de museo: su propio móvil. Pedirle que haga cola para recoger un cacharro, dejar un documento en depósito y devolverlo al salir es fricción pura, y además obliga a la institución a sostener un coste fijo permanente. Los aparatos envejecen, se estropean y hay que renovarlos; una web-app se actualiza sola.
Hay una excepción legítima: los dispositivos con pantalla siguen siendo útiles para las signoguías, donde el vídeo en lengua de signos necesita una pantalla garantizada. Pero para la audioguía de audio, el móvil del visitante cubre el caso con creces.
Cuánto cuesta el modelo web-app
Cuando se quita el hardware de la ecuación, el precio cambia de orden de magnitud. Una audioguía web-app se entrega por código QR, funciona en el móvil del visitante sin descargar ninguna app y no genera coste de dispositivos ni de personal de mostrador.
En Tekeum trabajamos con dos modelos. En el modelo gestionado —llave en mano, donde Tekeum se ocupa de todo y la institución solo revisa y aprueba— un espacio con 60 guías activas paga 3.400 euros al año, y uno con 120 guías, 4.000 euros al año. En el modelo self-service, donde la propia institución gestiona los contenidos, esas mismas 60 guías cuestan 1.200 euros al año, y 120 guías, 1.900 euros al año.
Puestos en contexto, son cifras que conviene comparar con los ejemplos de arriba: el mismo tipo de proyecto que en un contrato tradicional se acerca a los seis dígitos se resuelve aquí por unos pocos miles de euros al año, sin dispositivos y sin obra. La diferencia no está en el contenido, que en Tekeum se elabora a partir de las fuentes oficiales de la institución y con revisión humana. Está en haber eliminado todo lo que no aporta valor al visitante.
Qué debería incluir cualquier presupuesto
Antes de comparar dos ofertas, conviene mirar más allá de la cifra final y comprobar qué entra:
Producción del contenido a partir de fuentes fiables, no texto genérico. Voces de calidad. Idiomas, y si se pagan aparte o van incluidos. Accesibilidad (audiodescripción, signoguía), que a veces se factura como extra caro y a veces viene de serie. Mantenimiento y actualización, porque un contenido que no se puede actualizar envejece mal. Y el modelo de entrega, que como hemos visto es lo que más pesa en el total.
Si estás valorando poner en marcha una audioguía para tu museo, municipio o yacimiento y quieres una referencia clara de coste, cuéntanoslo y preparamos una demostración con obras reales de tu espacio. Sin compromiso.
Fuentes: perfiles de contratante y documentación oficial de licitación del Museo Nacional del Prado, Patronato del Real Alcázar de Sevilla y Ayuntamiento de Gijón (Museo de las Termas Romanas de Campo Valdés), 2024; datos de contratación pública agregados sobre adjudicaciones municipales de audioguías. Las cifras citadas son presupuestos, valores estimados y adjudicaciones oficiales.